
En el Pequeño Cottolengo abrazamos la vida como viene
Nuestra historia
El Pequeño Cottolengo José Nascimbeni es un hogar permanente con centro de día ubicado en Haití 1930, Bahía Blanca, en la provincia de Buenos Aires. Forma parte de la obra del Instituto Pequeñas Hermanas de la Sagrada Familia y está destinado a la atención integral de mujeres —niñas, jóvenes y adultas— con diversas discapacidades.
Su historia comienza en el año 1966, cuando el entonces obispo de Bahía Blanca, Monseñor Germiniano Esorto, invitó a las Pequeñas Hermanas de la Sagrada Familia —quienes ya servían en el Hospital Penna— a crear una institución que pudiera acoger y cuidar a niñas con discapacidad. Con esfuerzo, compromiso y una profunda vocación de servicio, las hermanas comenzaron a recolectar fondos realizando rifas y pidiendo colaboraciones, incluso en la salida de los partidos de fútbol. Gracias a esta entrega, lograron adquirir el terreno donde hoy se levanta el Cottolengo.
El 29 de abril de 1967, llegaron las primeras cuatro niñas provenientes de La Plata, marcando así el inicio oficial de esta obra de amor, una fecha que se celebra cada año como el aniversario del hogar. En la actualidad, el Pequeño Cottolengo José Nascimbeni continúa su misión brindando contención, cuidado y una vida digna a cada una de sus residentes.


Nuestra misión
Brindar un acompañamiento profesional e individualizado a cada mujer con discapacidad, -niña, joven, adulta- que forman parte del hogar, garantizando su bienestar integral, fomentando su autonomía y calidad de vida, resguardando siempre su dignidad y el pleno ejercicio de sus derechos.
Nuestra visión
Abrazar cada vida como viene, con amor y esperanza, acompañando a cada mujer con discapacidad a crecer y vivir plenamente.
Nuestros valores
Amor: Ponemos el corazón en cada acción. Creemos que el amor transforma y nos impulsa a cuidar de cada persona con dedicación y ternura.
Pequeñez: Elegimos la sencillez, lo cotidiano. En lo pequeño descubrimos lo grande: una mirada, una sonrisa o un plato compartido pueden cambiar un día entero.
Respeto: Cada persona es única y valiosa. Respetar es conocer su historia, sus tiempos y sus sueños. Acompañamos sin juzgar.
Confianza: Creemos en los vínculos que se construyen de a poco, con coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. La confianza es nuestro suelo firme.
Transparencia: Abrimos nuestras puertas y nuestro corazón. Mostramos con claridad cómo trabajamos, porque compartir la verdad también es una forma de cuidar



